Gianfranco Ferré (1944 - 2007) fue uno de los diseñadores de moda más importante de Italia. Fue definido como "el Arquitecto de la Moda" con mayúsculas, por su estilo definido, excepcional y diferente, así como por su formación académica.
Incluso entre sus compañeros (Armani con esa fría elegancia, Lagerfeld con sus estridencias, o Valentino, con su bronceado perpetuo) destacaba por su imagen rotunda, sus gafas redondas de pasta y su barba de tal forma que parecía más un profesor de universidad que un diseñador de moda.
En el año 1969 se licenció en Arquitectura, pero en un momento donde las salidas laborales no eran muy alentadoras, se decidió por el diseño de muebles, y poco después de accesorios. En este campo, el éxito llegaría pronto de la mano de la editora de moda Anna Piaggi de la revista Vogue en su edición italiana, quien lo descubrió y catapultó a la fama internacional.
"Ya sea que diseñe un vestido, un mueble, una casa o una ciudad, para mí cada vez es el mismo proceso", decía Ferré. Y es que su formación como arquitecto le hacía el creador más multifacético de su época.
En el año 1978 presentó su primera colección de moda, donde las líneas rectas, puras, concisas, los tonos claros como el beige, el gris, y sobre todo, el blanco y negro lo acompañarían en todas sus colecciones a partir de entonces.
Poco después, descubrió la India, y a partir de ese momento fue una clara influencia en sus diseños, donde las telas comenzaron a cobrar un valor importante. Las sedas, los terciopelos, el satén, el cuero...eran materiales que nunca faltaban y que trataba como un maestro.
"Mis diseños están ideados para una mujer inteligente, libre, fuerte. Fuerte en lo que compete a su temperamento, su carácter y su pasión".
En el año 1989 dió el gran salto de su carrera cuando fue contratado como director artístico de la casa Dior para las creaciones de alta costura. Y aquí desarrolló su imaginación, mostrándola en todo su esplendor en creaciones donde el color, las formas, los tejidos, definían las formas de la mujer de la forma más sencilla y al mismo tiempo con una gran complejidad, y donde se aprecia claramente su influencia oriental.
En 1996 abandonó París y la Maison para dedicarse a su propia firma de moda, recibiendo multitud de premios, y centrándose en el diseño de todo tipo de colecciones: infantiles, de hombre, perfumes, accesorios, gafas, etc...
Construía cada una de sus prendas como si de un proyecto arquitectónico se tratara, y ahí está el secreto de su éxito. Analizaba las formas de la mujer, creando prendas que se ajustan al cuerpo como una segunda piel. Sus chaquetas y americanas, los trajes sastre como iconos de la firma eran impecables, y hacen resaltar la figura femenina como pocos pueden llegar a conseguirlo.
Por eso, siempre fue y será el Arquitecto de la Moda...
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